Migraña: qué es, síntomas, causas, diagnóstico y tratamiento

Infografía médica sobre la migraña: definición, frecuencia y su diferencia con una cefalea común.

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La migraña no es un simple dolor de cabeza. Es un trastorno neurológico complejo que puede alterar de forma drástica la vida de quienes lo padecen. Para muchas personas, una crisis migrañosa significa tener que abandonar el trabajo en mitad de una reunión, cancelar planes sociales o encerrarse en una habitación oscura hasta que el dolor remite.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la migraña afecta a entre el 12 y el 15 % de la población mundial y la sitúa entre las principales causas de discapacidad en adultos jóvenes, especialmente mujeres. Pese a esta magnitud, todavía persiste el estigma de que se trata de “un dolor de cabeza fuerte”, cuando en realidad es una enfermedad neurológica reconocida con un enorme impacto personal, laboral y social.

Comprender la migraña significa ir más allá de esa visión reducida: implica saber cómo se manifiesta, qué mecanismos la provocan, cuáles son los factores que la desencadenan y, sobre todo, qué opciones terapéuticas existen hoy para mejorar la calidad de vida de quienes la sufren.

Infografía médica sobre la migraña: definición, frecuencia y su diferencia con una cefalea común.

Síntomas de la migraña

La migraña no aparece de forma súbita; evoluciona en fases sucesivas que, aunque varían entre individuos, siguen un patrón reconocible. Conocerlas ayuda tanto al paciente como al especialista a anticipar y manejar mejor los episodios.

Fase prodrómica (de aviso): puede comenzar horas o incluso días antes de la cefalea. Se manifiesta con señales sutiles: cansancio inexplicable, cambios de humor, irritabilidad, dificultad de concentración o incluso antojos alimentarios. Son como pequeñas “alertas” del cerebro.

Aura (en algunos pacientes): se trata de síntomas neurológicos transitorios que preceden al dolor. Lo más habitual son alteraciones visuales (destellos, líneas en zigzag, visión borrosa), aunque también pueden aparecer hormigueos en la cara o las manos, sensación de entumecimiento o dificultad para hablar. Suele durar entre 20 y 60 minutos y puede resultar muy desconcertante.

Fase de dolor: es la más incapacitante. El dolor de carácter pulsátil, habitualmente en un lado de la cabeza, puede prolongarse entre 4 y 72 horas y acompañarse de náuseas, vómitos y marcada sensibilidad a la luz (fotofobia) y al sonido (fonofobia). En este punto, muchas personas buscan refugio en una habitación oscura y silenciosa.

Fase postdrómica (resaca migrañosa): incluso cuando el dolor desaparece, persiste una sensación de agotamiento, dificultad para pensar con claridad o debilidad general. No son pocos los pacientes que describen esta etapa como “sentirse vacíos”.

El impacto global de estas fases es enorme: una sola crisis puede interrumpir rutinas laborales, familiares y sociales, lo que convierte a la migraña en una de las enfermedades más incapacitantes a nivel mundial.

Infografía sobre los factores desencadenantes de la migraña: estrés, sueño, hormonas, alimentación y entorno.

Causas y factores desencadenantes de la migraña

La causa exacta de la migraña no está completamente aclarada, pero se sabe que combina factores genéticos con una alteración en la forma en que el cerebro procesa la información sensorial. Durante una crisis, determinadas zonas cerebrales modifican su actividad eléctrica, lo que desencadena una cascada de cambios químicos y vasculares.

La serotonina, un neurotransmisor que regula el dolor, el sueño y el estado de ánimo, desempeña un papel fundamental. Cuando sus niveles fluctúan bruscamente, se favorece la aparición de dolor. También se ha demostrado la implicación del sistema trigémino, una red de nervios que conecta el cerebro con la cara y los vasos sanguíneos de la cabeza, y que amplifica la intensidad del dolor.

A esta vulnerabilidad neurológica se suman factores desencadenantes que actúan como disparadores en personas predispuestas:

Estrés y emociones intensas: tanto la tensión acumulada como la relajación posterior (por ejemplo, tras un día agotador o al comenzar el fin de semana) pueden precipitar una crisis.

Sueño irregular: dormir poco, demasiado o a horas distintas altera los ritmos cerebrales.

Cambios hormonales: en muchas mujeres, las crisis se relacionan con la menstruación, el embarazo o la menopausia, debido a las variaciones de estrógenos.

Alimentación: ciertos alimentos como quesos curados, chocolate, vino tinto o embutidos están relacionados con crisis en algunos pacientes, aunque el patrón es muy individual.

Entorno: ruidos intensos, luces brillantes, olores penetrantes o cambios bruscos de clima pueden actuar como último desencadenante.

Identificar estos factores es una parte esencial del tratamiento, ya que permite a cada paciente anticiparse y reducir la frecuencia de sus crisis.

Diagnóstico de la migraña

El diagnóstico es fundamentalmente clínico: no existe una prueba única que confirme la migraña. El neurólogo se basa en una historia clínica detallada, en la descripción de la frecuencia, duración y características del dolor, y en los síntomas asociados. Para estandarizar este proceso se utilizan los criterios de la Clasificación Internacional de Cefaleas (ICHD-3), que permiten diferenciar la migraña de otras cefaleas como la tensional o la cefalea en racimos.

En un estudio reciente que evaluó la escala HIT-6 (Headache Impact Test-6), se demostró que las puntuaciones más altas se asociaban con un mayor número de días de discapacidad, confirmados en diarios de cefalea: desde apenas 0,9 días/mes en quienes presentaban impacto mínimo, hasta 4,6 días/mes en aquellos con impacto severo. Este hallazgo refuerza la utilidad de incorporar cuestionarios estandarizados como HIT-6 o MIDAS, que cuantifican el impacto real de la enfermedad y ayudan al especialista a tomar decisiones terapéuticas.

La neuroimagen (resonancia magnética o TAC) no se recomienda de forma rutinaria, salvo cuando existen signos de alarma —inicio súbito del dolor, progresión rápida, déficit neurológico, alteraciones en la exploración—, en cuyo caso estas pruebas sirven para descartar causas estructurales.

Un recurso práctico y accesible es el diario de migraña, anotar la fecha, duración, intensidad, síntomas asociados y posibles desencadenantes durante al menos 8 semanas facilita tanto el diagnóstico como el seguimiento, permitiendo al neurólogo identificar patrones y ajustar el tratamiento.

Infografía médica sobre las fases de la migraña: pródromo, aura, dolor y postdromo.

Tratamiento de la migraña

El tratamiento de la migraña no consiste únicamente en “tomar algo para el dolor”. Se trata de una enfermedad neurológica crónica que requiere un abordaje personalizado, estructurado en tres niveles: aliviar la crisis, prevenir su recurrencia y acompañar al paciente en su vida diaria.

1. Tratamiento de la crisis (fase aguda)

El objetivo inmediato es detener el dolor lo antes posible. En crisis leves, analgésicos como el paracetamol o los antiinflamatorios (ibuprofeno, naproxeno) pueden ser eficaces. En casos más intensos, los triptanes siguen siendo el tratamiento de referencia, siempre administrados al inicio de la crisis.

Los últimos años han traído avances notables. Los gepantes, antagonistas del receptor CGRP, han demostrado eficacia en estudios de alta calidad. En el ensayo ACHIEVE II, publicado en JAMA, el 21,8 % de los pacientes tratados con ubrogepant quedó libre de dolor a las dos horas, frente al 14,3 % con placebo. Estos resultados ofrecen una alternativa valiosa para quienes no toleran o no responden a los triptanes.

2. Tratamiento preventivo

Cuando las crisis son muy frecuentes o incapacitantes, la estrategia se orienta a reducir su intensidad y frecuencia. Entre las terapias clásicas destacan los betabloqueantes y algunos antiepilépticos.

En migraña crónica, la toxina botulínica (onabotulinumtoxinA) ha demostrado eficacia en ensayos como PREEMPT. Más recientemente, los anticuerpos monoclonales anti-CGRP (erenumab, fremanezumab, galcanezumab) han avanzado en la prevención, en los ensayos clínicos, hasta un 40–50 % de los pacientes logró reducir a la mitad la frecuencia de sus crisis. También han surgido nuevos gepantes orales, como el atogepant, con resultados prometedores en migraña episódica.

Un aspecto esencial es evitar el abuso de medicación aguda, ya que el consumo excesivo de analgésicos puede agravar la cefalea y disminuir la eficacia de los preventivos.

3. Medidas no farmacológicas

El estilo de vida es un pilar clave del tratamiento. Mantener rutinas de sueño, practicar ejercicio moderado, reducir el estrés, identificar desencadenantes personales e incorporar técnicas de relajación o mindfulness son medidas que refuerzan la eficacia de los fármacos.

El éxito del tratamiento no depende únicamente de los fármacos, sino también de la experiencia del especialista que lo prescribe. Por ello, resulta fundamental acudir a equipos de neurología especializados en migraña, capaces de diseñar un plan individualizado que combine terapias farmacológicas, medidas preventivas y apoyo integral

Acompañamiento y calidad de vida

Vivir con migraña no significa únicamente soportar el dolor físico: supone enfrentarse a interrupciones bruscas en la vida personal, laboral y social. Esto genera frustración, incomprensión e incluso ansiedad. Reconocer la migraña como una enfermedad real —y no como un “dolor de cabeza fuerte”— es el primer paso para reducir el estigma.

El acompañamiento psicológico y social es esencial. Terapias como la cognitivo-conductual, el mindfulness o los programas de educación en salud ayudan a disminuir la ansiedad asociada a las crisis. En España, las asociaciones de pacientes ofrecen recursos divulgativos, espacios de encuentro y apoyo entre iguales, que contribuyen a que las personas no se sientan solas en su experiencia.

El abordaje integral de la migraña combina tratamiento médico, autocuidado y apoyo emocional. Esta visión global permite transformar la relación con la enfermedad y recuperar el control sobre la vida diaria. Contar con la valoración periódica de un equipo de neurología experto en cefaleas permite no solo optimizar el tratamiento, sino también ofrecer al paciente apoyo y estrategias para recuperar el control sobre su vida cotidiana.

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