La espirometría es una prueba sencilla, pero con una capacidad enorme para aclarar cómo están funcionando tus pulmones. Es útil cuando aparece la sensación de que “falta el aire”, una tos que se alarga demasiado o un cansancio que no encaja con tu ritmo habitual. También resulta especialmente relevante en personas con antecedentes de tabaquismo, en quienes practican deporte y quieren conocer con precisión su capacidad respiratoria, o en quienes se están recuperando de enfermedades que han podido afectar al pulmón.
Comprender en qué consiste la prueba —y qué información puede aportar— ayuda a reducir incertidumbres. Saber cómo se realiza, qué significan sus valores y en qué casos se recomienda no sólo permite interpretar mejor un informe, sino también participar con más confianza en la conversación con el especialista.
En las próximas líneas explicaremos qué es realmente una espirometría, cómo se lleva a cabo paso a paso y cómo interpretar sus resultados de manera clara y comprensible. Incluiremos una tabla orientativa de valores normales y resolveremos las preguntas más frecuentes, para que puedas tener una visión completa antes de realizar la prueba o al revisar tus resultados.

¿Qué es la espirometría y para qué sirve?
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ToggleQué mide exactamente la espirometría
La espirometría es una prueba de función pulmonar que permite saber cuánto aire expulsan los pulmones y a qué velocidad lo hacen. Es una medición sencilla, pero muy reveladora, porque ayuda a entender si las vías respiratorias están abiertas, estrechadas o limitadas por algún motivo.
Los parámetros que suele analizar el informe, aunque puedan sonar técnicos, son fáciles de entender con una buena explicación:
- FEV1 o VEF1: es el volumen de aire que puedes expulsar con fuerza durante el primer segundo de la espiración.
- FVC: es la cantidad total de aire que expulsas tras una inspiración profunda.
- FEV1/FVC: es la relación entre ambos valores y ayuda a saber si hay obstrucción al paso del aire.
Estos tres datos permiten valorar la capacidad ventilatoria y detectar alteraciones en el flujo de aire, ya sea por enfermedades respiratorias crónicas o por secuelas tras infecciones, hábitos como el tabaquismo o incluso por falta de entrenamiento en personas deportistas.
Las guías conjuntas de la American Thoracic Society (ATS) y la European Respiratory Society (ERS), que también siguen la mayoría de hospitales españoles, señalan que la espirometría es la prueba más utilizada para evaluar la función pulmonar. Para que sea fiable debe realizarse con equipos calibrados, personal entrenado y siguiendo estándares muy estrictos de calidad técnica (ATS/ERS 2019).
Principales usos clínicos
La espirometría es una herramienta clave en distintos escenarios:
- Diagnóstico y seguimiento del EPOC y del asma.
Las guías internacionales GOLD (para EPOC) y GINA (para asma), ambas de referencia también en España, coinciden en que esta prueba es imprescindible.
En el caso del EPOC, por ejemplo, solo puede confirmarse el diagnóstico si la relación FEV1/FVC tras broncodilatador es inferior al valor recomendado por las guías (habitualmente < 0,70, salvo ajustes específicos por edad). - Evaluación previa a cirugías o procedimientos en los que la capacidad pulmonar puede influir en el riesgo quirúrgico o en la recuperación.
- Valoración y seguimiento de enfermedades que afectan al pulmón, como fibrosis pulmonar, enfermedades reumatológicas con compromiso respiratorio o secuelas tras infecciones respiratorias, incluida COVID-19.
- Control de la evolución del tratamiento en pacientes con patología respiratoria crónica.
- Valoración funcional en personas deportistas.
En deportistas, especialmente en disciplinas de resistencia, permite conocer la capacidad ventilatoria, detectar limitaciones de flujo aéreo inducidas por el ejercicio y optimizar el rendimiento.
Tipos de espirometría
Aunque a veces se hable de ella como una única prueba, existen variantes según el objetivo clínico:
- Espirometría basal o simple: la más habitual, mide la función pulmonar sin fármacos añadidos.
- Espirometría forzada: es la que se realiza con una inspiración completa seguida de una espiración máxima y rápida. Es el estándar en la práctica clínica y la base de los parámetros FEV1 y FVC.
- Espirometría con prueba broncodilatadora: primero se obtienen medidas basales; después se administra un broncodilatador inhalado y se repite la prueba.Esta comparación permite saber si existe reversibilidad del flujo aéreo, un aspecto muy útil para diferenciar el asma del EPOC o evaluar la respuesta al tratamiento.
Indicaciones y contraindicaciones de la espirometría
Cuándo se recomienda hacer una espirometría
La espirometría se solicita cuando aparece la sensación de que el aire no entra o sale como debería. Puede ser esa dificultad para respirar que surge sin motivo aparente, una tos que se prolonga más de lo razonable o la presencia de pitidos al respirar. En personas fumadoras, o en quienes han estado expuestos durante años a ambientes con polvo o sustancias irritantes, la prueba cobra aún más sentido porque permite valorar si existe algún daño en las vías respiratorias.
También forma parte del cuidado habitual de pacientes ya diagnosticados de asma, EPOC, fibrosis pulmonar u otras enfermedades que afectan a la función respiratoria. En ellos, la espirometría actúa como una especie de brújula que muestra si el tratamiento está haciendo su efecto, si hay estabilidad o si conviene ajustar la medicación. Cada medición ofrece una foto bastante precisa del estado del pulmón en ese momento de la enfermedad.
En los últimos años, además, ha adquirido un papel importante en personas que se recuperan de infecciones respiratorias intensas, como neumonías o secuelas post-COVID. Y aunque a veces se asocia solo a pacientes respiratorios, también se utiliza en deportistas que desean conocer con exactitud su capacidad ventilatoria, sobre todo en disciplinas que exigen un control muy fino de la respiración y del rendimiento físico.
Contraindicaciones y precauciones
A pesar de su sencillez, la espirometría no debe realizarse en determinadas situaciones. Justo después de un infarto, un ictus o ante la presencia de un aneurisma no tratado, el esfuerzo necesario al soplar podría resultar contraproducente, por lo que se prefiere posponerla. Lo mismo ocurre si la persona presenta un sangrado reciente por la vía respiratoria o un episodio agudo de la enfermedad que dificulte la maniobra.
Las infecciones respiratorias —un catarro muy intenso, una bronquitis o una exacerbación asmática— también pueden alterar el resultado y, además, incrementar las molestias. Por eso se suele recomendar esperar a que todo esté más estable. En personas muy debilitadas o con movilidad muy limitada, el equipo valora la forma más segura de llevarla a cabo o si conviene aplazarla.
Cómo se hace una espirometría: explicación paso a paso
Preparación antes de la prueba
La espirometría no requiere una preparación complicada, pero sí ciertos detalles que pueden marcar la diferencia en la calidad del resultado. Acudir con ropa cómoda, evitar comidas muy abundantes justo antes y no fumar en las horas previas son pequeños gestos que facilitan la maniobra. En cuanto a los inhaladores, la indicación dependerá del objetivo de la prueba: a veces conviene tomarlos con normalidad y otras es preferible suspenderlos temporalmente. El equipo sanitario suele explicarlo con claridad.
Cómo se realiza realmente la espirometría
La prueba se desarrolla en un ambiente tranquilo, con un técnico que guía cada paso. Primero se coloca una pinza suave en la nariz para que el aire no se escape. Después, se utiliza una boquilla desechable que se ajusta bien entre los labios. Lo importante es sellarla correctamente para que el espirómetro registre el flujo de aire sin pérdidas.
Una vez preparado, el técnico pide realizar una inspiración profunda, casi como si se quisiera llenar los pulmones “hasta el techo”. A continuación llega la parte esencial: expulsar el aire con la máxima fuerza y rapidez, manteniendo la espiración hasta sentir que el pulmón ya no puede ofrecer más. La maniobra, que apenas dura unos segundos, se repite varias veces para obtener mediciones consistentes. Las guías técnicas de la ATS y la ERS insisten en la importancia de estas repeticiones y en el uso de equipos calibrados para asegurar que los datos sean fiables y comparables en el tiempo.
La prueba con broncodilatador
En algunos casos, después de las mediciones iniciales, se administra un broncodilatador inhalado que ayuda a abrir las vías respiratorias. Se espera unos minutos para que haga efecto y se repite la prueba. Esta comparación permite saber si los bronquios responden al medicamento, un dato muy útil para diferenciar el asma de otras enfermedades respiratorias o para decidir ajustes en el tratamiento.
Sensaciones y duración de la prueba
La duración completa suele oscilar entre diez y veinte minutos, dependiendo del número de repeticiones necesarias y de si incluye la fase con broncodilatador. La mayoría de las personas la toleran sin dificultad, aunque es habitual sentir un poco de fatiga o un ligero mareo después de soplar con intensidad varias veces. Son sensaciones pasajeras que desaparecen en pocos segundos. En caso de notar un mareo acusado, dolor torácico o una falta de aire inesperada —algo poco frecuente— basta con comunicarlo de inmediato al técnico para detener la prueba.
Cómo interpretar los resultados de la espirometría
Lectura básica del informe de espirometría
Cuando te entregan un informe de espirometría, lo primero que aparece son una serie de números que, a simple vista, pueden parecer poco intuitivos: valores en litros, porcentajes, curvas y siglas. Pero en realidad todos ellos cuentan una historia bastante sencilla sobre cómo se están comportando tus pulmones.
Para cada persona se calculan dos tipos de valores:
- Los valores que realmente has conseguido durante la prueba (por ejemplo, FEV1 = 2,5 L).
- Los valores de referencia, que son los que corresponderían a alguien de tu misma edad, sexo, estatura y origen étnico.
Hoy en día, la mayoría de centros utilizan las ecuaciones de referencia del Global Lung Initiative (GLI), que permiten ajustar con mayor precisión las variaciones normales entre personas y ofrecen un dato muy útil llamado z-score, que ayuda a determinar si un resultado está por debajo de lo esperado.
Durante años se utilizó sobre todo el porcentaje del valor teórico (por ejemplo, “FEV1 = 80 % del predicho”). Aunque este dato sigue siendo útil, las guías más actuales recomiendan fijarse también en el límite inferior de la normalidad (LLN), que funciona como un umbral individualizado para evitar interpretaciones erróneas.
Patrón obstructivo, restrictivo y mixto
A partir de los principales parámetros (FEV1, FVC y su relación FEV1/FVC) se intenta entender qué tipo de alteración existe, si es que la hay.
Cuando el problema está en sacar el aire, se habla de patrón obstructivo. En estos casos, la relación FEV1/FVC aparece reducida, y esa caída es la que hace sospechar enfermedades como el asma o la EPOC. Las guías españolas de GesEPOC y las internacionales (GOLD) indican que una relación FEV1/FVC tras broncodilatador por debajo de 0,70, en el contexto adecuado, orienta claramente hacia un proceso obstructivo.
Si lo que está disminuido es el volumen total de aire que caben en los pulmones, pero la relación entre los parámetros se mantiene normal o incluso algo elevada, hablamos de un patrón restrictivo. Esto suele ocurrir en enfermedades que dificultan la expansión pulmonar, como fibrosis pulmonar o algunas patologías de la caja torácica. En estos casos, la espirometría es una primera pista y suele completarse con estudios de volúmenes pulmonares.
Cuando ambas situaciones se combinan —es decir, hay dificultad para expulsar el aire y también una capacidad pulmonar disminuida— aparece el patrón mixto, que requiere una interpretación más fina.
Qué es una prueba normal y cómo se gradúa la alteración
Una espirometría se considera normal cuando los valores se encuentran dentro de los rangos previstos para la persona según su perfil, y especialmente cuando la relación FEV1/FVC está por encima del límite aceptado.
Para clasificar la alteración, muchos informes utilizan categorías como “leve”, “moderada” o “grave”. Son etiquetas orientativas que se basan, por lo general, en la magnitud de la reducción del FEV1. Por ejemplo, valores situados entre el 60 y el 80 % del esperado podrían considerarse una alteración leve; entre el 40 y el 60 %, moderada; y por debajo de ese umbral, grave. Pero estas cifras varían ligeramente según la guía y, lo más importante, nunca deben interpretarse sin tener en cuenta la clínica y la historia del paciente.
La espirometría no sustituye al juicio médico; lo acompaña.
Tabla de valores normales de espirometría
Comprender qué significa “normal”
Conviene recordar que no existe un valor normal universal. Nuestros pulmones no funcionan igual a los 25 años que a los 65, ni tienen el mismo volumen en personas altas que en personas más bajas. Por eso se utilizan ecuaciones de referencia como las del GLI, que ajustan los valores a las características de cada individuo.
A continuación, se muestra una tabla orientativa, útil para comprender qué parámetros se consideran generalmente aceptables en adultos:

Estos valores son solo una guía general; la interpretación real se apoya en el conjunto de pruebas y en tu situación clínica.
Por qué los valores pueden variar
Factores como la edad, el sexo, la estatura o la constitución física influyen en el rendimiento pulmonar, del mismo modo que lo hace la exposición a contaminantes, el tabaquismo o determinadas enfermedades previas. Por ello, la lectura aislada de un número nunca puede sustituir a una valoración médica completa.
Limitaciones de la espirometría y otras pruebas complementarias
La espirometría es una herramienta fundamental para entender la función pulmonar, pero no todo puede verse a través de ella. En las fases iniciales de algunas enfermedades, el resultado puede ser aparentemente normal, y aun así existir una alteración en la función pulmonar.
Cuando se sospecha una restricción verdadera, lo habitual es medir los volúmenes pulmonares mediante técnicas complementarias como la pletismografía. Si la duda es cómo se realiza el intercambio de gases, resulta muy útil la difusión de monóxido de carbono (DLCO). En otras situaciones, una TAC de tórax, un análisis de gases arteriales o una prueba de esfuerzo cardiopulmonar ayudan a completar el diagnóstico.
Cuándo consultar con un especialista
Si notas que respirar te cuesta más de lo habitual, si la tos persiste durante semanas, si aparecen pitidos al respirar o si has fumado durante años, es razonable consultar con un especialista en función pulmonar. Un equipo entrenado puede realizar la prueba según los estándares internacionales (ATS/ERS), garantizar la calidad técnica de cada maniobra y ofrecer una interpretación precisa que tenga en cuenta tu historia clínica, tus hábitos y tus factores de riesgo.
Un buen informe no solo describe el estado actual de tus pulmones; también orienta sobre medidas preventivas, ajustes de tratamiento y la evolución esperada en los próximos años.
Tu salud respiratoria en perspectiva
La espirometría es una prueba accesible, segura y extraordinariamente valiosa para comprender el estado de tu salud respiratoria. Conocer cómo se interpreta no pretende convertirte en especialista, sino ayudarte a entender lo esencial: qué dicen esos números sobre tus pulmones y cómo pueden guiar las decisiones médicas. En manos expertas, es una herramienta que permite detectar problemas a tiempo, ajustar tratamientos y, en definitiva, ganar calidad de vida.

