El codo participa en más actividades diarias de lo que pensamos: girar una llave, cargar una bolsa de la compra o escribir en el ordenador durante horas. Cuando aparece un dolor persistente en la parte externa o interna de esta articulación, puede deberse a la epicondilitis, más conocida como codo de tenista o codo de golfista.
Pese a lo que sugieren estos nombres, no se trata de una dolencia exclusiva de deportistas. De hecho, afecta con frecuencia a personas que realizan movimientos repetitivos en su vida diaria o laboral, desde usar herramientas hasta pasar muchas horas frente al ordenador. “Muchas personas se sorprenden cuando descubren que el llamado codo de tenista puede aparecer en quienes nunca han tocado una raqueta; basta con realizar movimientos repetitivos en la vida diaria para que surja el problema”, explica el Dr. Félix López, especialista en Traumatología y cirugía Ortopédica en Blue Healthcare.
¿Qué es la epicondilitis y por qué aparece?
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ToggleLa epicondilitis es una lesión que afecta a los tendones del codo, en la zona donde se insertan en el hueso del brazo (el húmero). Estos tendones funcionan como cuerdas que transmiten la fuerza de los músculos del antebrazo a la articulación, y cuando se sobrecargan de manera repetida pueden dañarse.
Se distinguen dos formas principales: la epicondilitis lateral o codo de tenista, que provoca dolor en la parte externa, y la epicondilitis medial o codo de golfista, que causa molestias en la cara interna del codo.
Aunque el sufijo “-itis” sugiere inflamación, en realidad lo que ocurre es un desgaste progresivo por sobreuso. “No se trata de una simple inflamación, sino de un desgaste progresivo con microlesiones acumuladas en el tendón. Por eso hablamos más de tendinopatía que de epicondilitis en sentido estricto”, aclara el Dr. López.
Cómo reconocer los síntomas del codo de tenista o de golfista
El dolor en el codo es la manifestación más común y puede localizarse en la parte externa o interna, según el tipo de epicondilitis. Al principio suele ser una molestia leve, que se intensifica al realizar gestos cotidianos como levantar una bolsa, girar la muñeca o dar la mano. Con el tiempo, ese dolor puede ir acompañado de rigidez y pérdida de fuerza en el antebrazo, dificultando acciones tan simples como abrir un tarro o sujetar una taza.
En fases avanzadas, las molestias aparecen incluso en reposo o durante la noche, interfiriendo con el sueño. Lo habitual es que el problema se desarrolle de manera progresiva: pequeñas incomodidades que empeoran con actividades repetitivas, desde trabajar con el ratón del ordenador hasta cocinar, tocar un instrumento musical o practicar deportes de raqueta.
“En la práctica clínica, lo que más preocupa a los pacientes no es solo el dolor, sino la sensación de debilidad, como si de repente no pudieran abrir un tarro o sujetar una taza con seguridad”, comenta el Dr. López.
Principales causas y factores que aumentan el riesgo
La epicondilitis aparece cuando los músculos y tendones del antebrazo trabajan por encima de su capacidad y no tienen tiempo de recuperarse. Esta sobrecarga genera pequeñas lesiones acumuladas que terminan provocando dolor y pérdida de fuerza.
Los factores de riesgo más comunes incluyen los deportes de raqueta o de golpeo repetido, en especial el pádel, muy popular en España, además del tenis o el golf. También influyen las actividades laborales o domésticas repetitivas, como el uso prolongado del ratón, el bricolaje, la construcción o la peluquería; la edad entre 35 y 55 años, cuando los tendones pierden elasticidad; y la falta de preparación física, como la debilidad muscular o la ausencia de estiramientos previos al esfuerzo.
Aunque se relacione con frecuencia con el deporte, la realidad es que cualquier persona puede desarrollar epicondilitis si somete su codo a movimientos repetidos sin descanso adecuado. La investigación lo confirma: en un estudio realizado entre trabajadores sanitarios, la epicondilitis lateral afectaba al 5,5 % de ese colectivo. En la población general, la prevalencia anual se estima entre el 1 % y el 3 %, sobre todo entre los 35 y 50 años.
Diagnóstico: cómo saber si el dolor de codo es epicondilitis
El diagnóstico suele hacerse a partir de la exploración clínica. Durante la consulta, el médico pide al paciente que realice ciertos movimientos del brazo y la muñeca para comprobar si aparece el dolor característico. Estas maniobras permiten identificar el origen del problema sin necesidad de pruebas complejas.
En la mayoría de los casos no hacen falta estudios de imagen. Solo si el dolor persiste, no mejora con el tratamiento o tiene características atípicas se utilizan técnicas de apoyo: la ecografía, que permite observar los tendones en tiempo real, o la resonancia magnética.
“Un examen físico cuidadoso suele ser suficiente para diagnosticar la epicondilitis. Solo en casos persistentes o dudosos recurrimos a pruebas como la ecografía o la resonancia para descartar otras causas”, apunta el Dr. López.

Tratamientos para la epicondilitis: de lo conservador a la cirugía
La buena noticia es que la mayoría de los casos de epicondilitis mejoran sin cirugía. El tratamiento se adapta a la intensidad del dolor, el tiempo de evolución y las necesidades de cada persona.
Medidas conservadoras
El primer paso suele ser el más sencillo: reposo relativo para evitar los movimientos dolorosos, aplicación de frío local, uso de antiinflamatorios tópicos en algunos casos y ejercicios de estiramiento y fortalecimiento. También pueden emplearse férulas o bandas de sujeción en el antebrazo para disminuir la tensión sobre el tendón.
“La base del tratamiento es siempre conservar la función: reposo relativo, ejercicios bien dirigidos y fisioterapia. La mayoría de los pacientes mejora sin necesidad de intervenciones más agresivas”, señala el Dr. López.
Fisioterapia y rehabilitación
La fisioterapia es clave para la recuperación. El tratamiento puede incluir técnicas manuales y masajes terapéuticos que alivian la tensión en el antebrazo, combinados en algunos casos con ondas de choque, ultrasonido o electroterapia, que favorecen la reparación de los tejidos y disminuyen el dolor.
Lo que marca la diferencia a largo plazo son los programas de ejercicio progresivo, diseñados y supervisados por un fisioterapeuta. Estos entrenamientos adaptados han demostrado ser una de las estrategias más eficaces para recuperar la fuerza y prevenir recaídas.
Infiltraciones
Cuando las medidas anteriores no son suficientes, se pueden valorar las infiltraciones. Los corticoides proporcionan un alivio rápido del dolor, aunque su efecto es limitado en el tiempo y puede haber recaídas. El plasma rico en plaquetas (PRP), en cambio, busca estimular la reparación del tendón y ofrece resultados más estables.
Un meta-análisis de 2025, que reunió datos de casi 2.000 pacientes incluidos en 26 ensayos clínicos, comparó ambos tratamientos y encontró un patrón claro: los corticoides alivian el dolor con rapidez en las primeras semanas, pero a partir de medio año el PRP consigue una mejor recuperación funcional y menos dolor que los corticoides.
Cirugía
Es la última opción y se plantea solo cuando el dolor persiste tras meses de tratamiento. Consiste en retirar la parte dañada del tendón y estimular su cicatrización. Menos del 5 % de los pacientes necesita esta intervención.
Epicondilitis: cuánto dura, pronóstico y cómo prevenirla
Con el tratamiento adecuado, la epicondilitis suele tener un pronóstico favorable. La mayoría de las personas mejora de forma progresiva en un plazo de seis meses a un año, aunque la recuperación completa depende de la gravedad de la lesión y del nivel de esfuerzo al que se someta el codo.
Para reducir el riesgo de recaídas conviene fortalecer los músculos del antebrazo con ejercicios guiados, realizar estiramientos antes y después de actividades repetitivas, cuidar la ergonomía al trabajar con ordenador o herramientas, respetar los descansos y aplicar la técnica adecuada en deportes como pádel, tenis o golf.
“Con el tratamiento adecuado, más del 80 % de los pacientes mejora en un año, pero lo esencial es aprender a prevenir para evitar recaídas”, recalca el Dr. López.
Preguntas frecuentes sobre la epicondilitis
¿Tengo que dejar de hacer deporte si tengo epicondilitis?
No siempre es necesario suspender toda la actividad física. En muchos casos basta con reducir la carga de entrenamiento y modificar los movimientos que provocan dolor, especialmente en deportes como el pádel, el tenis o el golf. El objetivo es mantener la actividad sin empeorar la lesión, siempre con supervisión profesional.
¿Cuándo se recomienda una infiltración con plasma rico en plaquetas (PRP)?
El PRP puede valorarse cuando la epicondilitis no mejora tras varias semanas o meses de fisioterapia estructurada y otras medidas conservadoras. Se utiliza como una opción intermedia antes de plantear tratamientos más invasivos, ya que busca estimular la reparación natural del tendón.
¿En qué casos es necesaria la cirugía?
La cirugía es poco frecuente y solo se plantea cuando el dolor y la limitación funcional persiste durante 6 a 12 meses, a pesar de haber seguido un tratamiento conservador completo y bien realizado. Consiste en retirar la parte dañada del tendón y favorecer su cicatrización.

