Guía para padres con hijos con trastornos del neurodesarrollo

Trastornos de aprendizaje en niños y adolescentes

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«¿Por qué a mi hijo le cuesta aprender? Si te has hecho esta pregunta, quizás aún no sepas que  un trastorno del neurodesarrollo. Te contamos en esta guía cómo reconocer los signos y síntomas para anticiparte a un problema que puede afectar al desarrollo intelectual y emocional de tus hijos.

¿Qué es el trastorno del neurodesarrollo?

 

Son condiciones que afectan el desarrollo del cerebro y pueden influir en la forma en que nuestros hijos aprenden, se comportan o interactúan con el mundo que les rodea. Estos trastornos, como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la dislexia o el Trastorno del Espectro Autista (TEA), tienen bases biológicas y suelen manifestarse desde la infancia temprana.

Imaginemos que el cerebro como una red compleja de conexiones, y en los trastornos del neurodesarrollo, algunas de estas conexiones pueden no funcionar como deberían. Esto puede afectar áreas específicas, como la atención, la memoria, la interacción social o las habilidades académicas.

Es crucial entender que estos trastornos no son el resultado de la crianza o de malos hábitos, sino más bien el producto de factores biológicos y genéticos. Reconocerlos temprano y buscar el apoyo adecuado puede marcar una gran diferencia en el desarrollo y la calidad de vida de nuestros hijos.

En resumen, los trastornos del neurodesarrollo son desafíos que afectan la forma en que nuestros hijos crecen y aprenden, pero con comprensión, intervención y apoyo adecuados, podemos ayudarles a superar estos obstáculos y prosperar en su desarrollo.

 El caso de tu hijo no es único

Si nos preguntamos cuáles son los trastornos del neurodesarrollo más comunes. Nos sorprenderemos de saber que entre un 15 y un 20% de la población infantil y juvenil presenta algún tipo de trastorno en su neurodesarrollo

  • Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) destaca como el más prevalente de forma individual, afectando aproximadamente al 7-8% de los niños.
  • Trastornos específicos de aprendizaje, que abarcan la dislexia, disgrafía y discalculia, en conjunto representan un 8-10% de incidencia.
  •  Trastorno del Espectro Autista (TEA), afecta aproximadamente al 1-3% de la población infantil.
  • Tics crónicos se sitúan en torno al 1-2%.

“Estas cifras revelan la magnitud de este problema, con un impacto significativo en la salud mental futura de los niños afectados. La concienciación y un manejo adecuado se vuelven esenciales para abordar este desafío prevalente en el desarrollo de la infancia”, asegura la Dra. Cristina Cordero, neuropediatra de Blue Healthacare

 Identificando las señales de alerta

Esta especialista va a guiarnos a través de las señales de alerta, los tipos más comunes de trastornos, y cómo abordar estos desafíos de manera efectiva. La detección temprana y la comprensión profunda son herramientas clave para ayudar a nuestros hijos a superar obstáculos y prosperar en su desarrollo.

En niños pequeños, es importante estar atentos a hitos como el habla, la respuesta a su nombre y las conductas repetitivas puede ofrecer pistas valiosas. A medida que crecen, observar la relación entre el esfuerzo que invierten y los resultados obtenidos en tareas académicas puede ayudarnos a discernir posibles desafíos.

¿Existe una edad específica para establecer el diagnóstico?

Como mencionamos anteriormente, se trata de un conjunto diverso de trastornos, cada uno con sus propias edades de detección.

En el caso del Trastorno del Espectro Autista (TEA), por ejemplo, es crucial realizar el diagnóstico durante la infancia temprana, antes de los 6 años. En cuanto al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), a pesar de que los síntomas son evidentes desde la infancia temprana, el diagnóstico no se establece hasta los 6 años. “Esto no significa que debamos quedarnos de brazos cruzados. Si observamos síntomas similares en un preescolar, es esencial abordarlos, incluso si aún no estamos seguros de si cumplirán o no con los criterios diagnósticos”, la neuropediatra de Blue Healthcare.

En el caso de los trastornos específicos de aprendizaje, como la dislexia, es en la etapa de educación  primaria cuando comenzamos a detectar dificultades adicionales en áreas de aprendizaje específicas. “Trabajar en estas señales desde el principio puede aliviar las posibles repercusiones futuras si finalmente se desarrollan”, apunta la Dra. Cordero.

Tomemos como ejemplo la lectura. A nivel fisiológico, es normal que los niños de educación infantil no estén completamente preparados para aprender a leer y escribir. Sin embargo, existen pre-requisitos, como la conciencia fonológica, que deberían adquirir antes de esa edad. Entonces, si observamos que un niño de 5 años tiene dificultades con la conciencia fonológica, es crucial comenzar a trabajar específicamente en este aspecto, independientemente de que la dislexia no se diagnostique típicamente hasta los 7-8 años.

Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Si un niño de 18 meses a 2 años no ha iniciado el habla, evita el contacto visual, no responde a su nombre o presenta conductas repetitivas, es imperativo revisar su desarrollo de manera inmediata.

En niños un poco más grandes, de 5 a 6 años, debemos prestar atención al exceso de movimiento o a la capacidad de permanencia en las tareas. También es crucial observar su habilidad para socializar con sus pares.

En el ámbito académico, otorgo gran importancia a la resistencia a las tareas en estas edades. Si un niño se enfada, protesta y se resiste a aprender, asistir a la escuela o completar sus deberes, es motivo de alarma. Esto refleja que podríamos estar demandándole más de lo que puede ofrecer, y es esencial investigar el porqué.

Finalmente, a medida que avanzamos en edad y curso, cualquier niño en el que se observe un desequilibrio constante entre el esfuerzo invertido y los resultados obtenidos debe ser objeto de atención. Identificar estas señales tempranas y responder con prontitud puede marcar la diferencia en el desarrollo y el bienestar general de nuestros hijos.

“La precocidad de la intervención es fundamental, cuantos más años llevo dedicados a la neuropediatría más claro tengo que gran parte del éxito radica en este punto y que la mayoría de las veces vamos tarde. Los niños tienen una gran ventaja, la plasticidad neuronal, esto quiere decir que trabajando adecuadamente con ellos podemos «modelar» sus conexiones, y minimizar el impacto que el trastorno tiene sobre su funcionamiento. Si perdemos la ventana de oportunidad, el abordaje terapéutico no llegará a ser igual de eficaz” puntualiza la neuropediatra.

 Estos son los signos de alerta según el tipo de trastorno:

 Trastorno del Espectro Autista (TEA):

  • Características: Dificultades en la comunicación, interacción social y patrones de comportamiento repetitivos.
  • Señales de Alerta: Falta de habla a los 18 meses, falta de contacto visual, conductas repetitivas.

 Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH):

  • Características: Problemas de atención, impulsividad y hiperactividad.
  • Señales de Alerta: Dificultades de concentración, inquietud constante, impulsividad.

Trastornos Específicos de Aprendizaje:

  • Dislexia: Dificultades en la lectura.
  • Discalculia: Dificultades en las habilidades matemáticas.
  • Disgrafía: Problemas en la escritura.
  • Señales de Alerta: Dificultades persistentes en estas áreas a medida que avanzan en la escuela.

Trastornos del Movimiento (Tics):

  • Características: Movimientos o sonidos involuntarios.
  • Señales de Alerta: Presencia de tics constantes, afectando el funcionamiento diario.

El apoyo y la implicación de la familia es crucial para superar el trastorno del neurodesarrollo

Estas son algunas claves fundamentales para apoyar a sus hijos mientras crecen y maduran

  • Comprensión y educación. Infórmense sobre el trastorno específico de su hijo para comprender sus necesidades únicas.Eduquen a familiares, amigos y profesores para crear un entorno de apoyo informado.
  • Comunicación abierta Mantengan líneas de comunicación abiertas con profesionales de la salud, educadores y terapeutas. Fomenten un espacio donde sus hijos se sientan seguros expresando sus emociones y desafíos.
  • Establecer rutinas consistentes: Las rutinas predecibles brindan seguridad y ayudan a reducir la ansiedad. Asegúrense de que las expectativas y las estructuras sean claras para su hijo.
  • Adaptación en el entorno escolar: Colaboren con los educadores para implementar ajustes y apoyos necesarios en el aula. Asegúrense de que el personal escolar esté al tanto de las necesidades específicas de su hijo.
  • Celebrar logros, pequeños y grandes: Reconozcan y celebren cada avance, independientemente de su tamaño.
  • Fomenten una mentalidad positiva, destacando los éxitos personales de sus hijos.
  • Apoyo profesional continuo: Trabajen en conjunto con profesionales de la salud, terapeutas y educadores para crear un plan de intervención integral.Estén abiertos a ajustes y modificaciones según sea necesario.
  • Fomentar las fortalezas individuales: Identifiquen y fomenten las habilidades y talentos particulares de sus hijos.
  • Construyan la autoestima destacando sus logros y capacidades.
  • Construir una red de apoyo: Conecten con otros padres que enfrentan desafíos similares para compartir experiencias y recursos. Participen en grupos de apoyo y actividades que fortalezcan la red de apoyo de su familia. Recuerden, cada niño es único, y su amor, paciencia y apoyo incondicional son los mayores regalos que pueden ofrecer. Juntos, podemos crear un entorno donde sus hijos florezcan y alcancen su máximo potencial.

Si sospechas que tu hijo padece uno de estos trastornos. ¡No esperes!

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