Prevención de esguinces y torceduras en verano

Persona ayuda a una mujer con esguince en la playa tras torcedura de tobillo

Comparte esta noticia!

Durante los meses de calor cambiamos nuestros hábitos: caminamos más, hacemos deporte ocasional, usamos chanclas o vamos descalzos por la playa. Este cambio de rutina, junto a las altas temperaturas y la fatiga muscular, hace que los esguinces y torceduras sean más frecuentes.

Como explica el Dr. Félix López, especialista en traumatología en Blue Healthcare, “Durante el verano se produce un pico de lesiones articulares. Aumentan los esguinces por la práctica deportiva sin preparación previa, y también por el uso de calzado poco estable como chanclas o sandalias planas”.

Además, al caminar por terrenos irregulares —playas, campo, zonas rocosas— se favorecen las malas pisadas y torceduras, sobre todo en el tobillo y la rodilla. También se observan esguinces de la muñeca por caídas accidentales o saltos mal calculados.

¿Cómo distinguir un esguince de una torcedura?

Una mala pisada, un salto mal calculado o un giro brusco en plena actividad pueden provocar una lesión articular. Pero… ¿qué ha ocurrido exactamente? ¿Se trata de una torcedura leve o de un esguince que necesita atención médica?

Para entenderlo mejor, conviene distinguir entre ambos conceptos:

Un esguince es la distensión o rotura parcial de uno o más ligamentos, las estructuras que estabilizan una articulación. Suele producirse cuando la articulación se fuerza más allá de su límite natural, como en una torcedura del tobillo. Puede clasificarse en grados, desde leve (estiramiento) hasta grave (rotura ligamentosa).

Una torcedura —también llamada distensión muscular o tendinosa— afecta al músculo o tendón, es decir, a los tejidos que permiten el movimiento. Aunque suelen ser menos graves que los esguinces, también provocan dolor, inflamación y rigidez.

Ambas lesiones pueden confundirse, ya que comparten síntomas. Los signos de alarma que deben hacernos sospechar una lesión más seria son:

  • Dolor agudo en el momento de la lesión, que no cede con el reposo.
  • Inflamación progresiva en la zona, a veces acompañada de hematoma.
  • Dificultad para mover o apoyar la articulación afectada.
  • Sensación de inestabilidad, como si la articulación «fallara».

El Dr. Félix López recomienda no restar importancia a estos síntomas: “Ante una lesión con dolor y limitación funcional, lo más prudente es acudir a un profesional. A veces lo que parece un esguince leve esconde una rotura parcial del ligamento o incluso una fractura ósea”.

En urgencias, se realiza una exploración física cuidadosa y, si es necesario, se solicita una radiografía o ecografía para descartar lesiones óseas o roturas ligamentosas.

Un diagnóstico temprano y preciso permite iniciar el tratamiento adecuado y evitar complicaciones como la inestabilidad articular crónica o la recaída.

Tratamiento: ¿qué hacer si me lesiono en vacaciones?

Si en medio de tus vacaciones sufres una torcedura o esguince, actuar con rapidez y de forma adecuada puede marcar la diferencia en la recuperación. Lo primero es aplicar el protocolo RICE, una estrategia sencilla pero muy eficaz en las primeras horas:

  • Reposo: evita apoyar o forzar la articulación lesionada.
  • Hielo: aplica compresas frías o bolsas de hielo (envueltas en un paño) durante 15–20 minutos cada 2–3 horas.
  • Compresión: utiliza un vendaje elástico para controlar la inflamación, sin apretar en exceso.
  • Elevación: mantén la extremidad elevada por encima del nivel del corazón para favorecer el drenaje y reducir la hinchazón.

“El tratamiento inicial es conservador en la mayoría de los casos”, explica el Dr. Félix López.“Pero es fundamental no subestimar el dolor. Si no mejora en 48 horas o hay dificultad para caminar, conviene hacer una valoración clínica completa”.

En esguinces leves, este manejo suele ser suficiente para una recuperación progresiva en pocos días. Sin embargo, si se trata de una lesión moderada o grave, puede ser necesario inmovilizar la articulación con una férula, iniciar un programa de rehabilitación fisioterapéutica, e incluso valorar la intervención quirúrgica si existe rotura completa de ligamentos.

La duración de la recuperación depende del grado de la lesión, pero un seguimiento adecuado y una buena rehabilitación son clave para evitar recaídas, dolor persistente o inestabilidad crónica.

“Muchos pacientes descuidan la fase de recuperación funcional —añade el Dr. López—, y eso aumenta el riesgo de que una lesión aparentemente menor termine generando problemas a largo plazo”.

Infografía con consejos para prevenir esguinces en verano en la playa o en actividades al aire libre

Cómo evitar los esguinces y torceduras en verano

El verano invita al movimiento: caminatas, deportes al aire libre, chapuzones, excursiones improvisadas… Pero también es una época en la que se multiplican los descuidos. Para disfrutar sin sustos, conviene anticiparse y adoptar algunas medidas sencillas pero eficaces.

“El problema no es hacer deporte en verano, sino hacerlo sin preparación ni control”, advierte el traumatólogo de Blue Healthcare. Y añade: “Muchas lesiones se podrían evitar con tres hábitos básicos: buen calzado, calentamiento previo e hidratación adecuada”.

Estas son sus principales recomendaciones:

  • Usa calzado con buena sujeción: las chanclas planas, tan cómodas como traicioneras, no estabilizan el tobillo. Si vas a caminar por la arena, por caminos irregulares o hacer senderismo, elige zapatillas que protejan bien el pie y el tobillo.
  • Calienta antes de hacer ejercicio, aunque sea una actividad lúdica como pádel o vóley playa. “Unos minutos de movilidad articular y estiramientos suaves preparan los músculos y reducen el riesgo de torceduras”, explica el Dr. López.
  • Mantén una buena hidratación. El calor acelera la pérdida de líquidos y favorece la fatiga muscular, lo que disminuye la coordinación y aumenta el riesgo de caídas o gestos mal controlados.

Además, es importante respetar los límites del cuerpo, evitar los esfuerzos repentinos o mal controlados, y prestar atención al terreno: la playa, la piscina o la montaña no siempre son entornos seguros para correr, saltar o improvisar acrobacias sin planificación.

“No se trata de dejar de moverse, sino de hacerlo con conciencia”, concluye el Dr. López. “Con pequeños gestos, podemos evitar lesiones que arruinen las vacaciones”.

¿Y qué pasa con la artrosis de rodilla en verano?

Aunque suele asociarse el frío al dolor articular, muchas personas con artrosis también experimentan molestias durante el verano. El aumento de la temperatura, la humedad ambiental o los cambios en el nivel de actividad pueden favorecer la sobrecarga o la inflamación, sobre todo en articulaciones como las rodillas, caderas o tobillos.

“Durante el verano es frecuente que se incremente el tiempo de caminata, las actividades al aire libre o las excursiones turísticas, y eso puede desencadenar brotes de dolor en quienes ya presentan desgaste articular”, explica el especialista.

Por eso es recomendable mantener una actividad física regular pero suave, como caminar por la orilla, nadar sin forzar o hacer ejercicios de bajo impacto en agua. También es fundamental elegir un calzado cómodo y estable, evitar las superficies duras o irregulares, y descansar lo suficiente tras los esfuerzos.

Más allá de mantener una buena tonificación muscular, algunos especialistas consideran especialmente útil preparar las articulaciones antes de los meses de mayor actividad. En este sentido, el tratamiento regenerativo mediante infiltraciones se plantea como una opción eficaz para quienes padecen artrosis de rodilla y desean afrontar el verano con mayor seguridad y sin contratiempos.

“En muchos casos, anticiparse al dolor puede marcar la diferencia. La infiltración de ácido hialurónico contribuye a mejorar la lubricación y la protección de la articulación ante el esfuerzo físico, mientras que el Plasma Rico en Plaquetas (PRP) favorece la reparación del cartílago y ayuda a controlar la inflamación”, señala el Dr. López.

En su experiencia clínica, la aplicación preventiva de estos tratamientos ha demostrado ser una herramienta valiosa para preservar la calidad de vida, especialmente en los meses de verano, cuando la movilidad aumenta y el impacto articular puede ser más exigente.

Un verano sin tropiezos

El verano está hecho para disfrutarlo. Prevenir los esguinces y torceduras no requiere grandes sacrificios: basta con conocer sus causas, actuar con sensatez si se produce una lesión y mantener unos hábitos prudentes durante las vacaciones.

Porque moverse con libertad también es parte del bienestar. Y cuidarse, incluso en vacaciones, es la mejor manera de seguir disfrutándolas sin interrupciones.

Más para explorar en Blue Noticias

Cuéntanos en que podemos ayudarte

Los mejores profesionales del sector a tu servicio

Blue Healthcare ahora es